12.2.08

WATERLOO (2) Intro

Si son varios los motivos para tener a Waterloo por una de las batallas más legendarias de la historia, uno de ellos lo constituye el hecho de que, en aquel año de 1815, nadie esperaba que resurgiese como lo hizo la sombra de Napoleón, que había cubierto Europa durante los últimos lustros y que ahora parecía definitivamente arrinconada en la isla de Elba.

Como es bien sabido, sin embargo, Bonaparte no permaneció en Elba demasiado tiempo, y su regreso al escenario consiguió sin duda reanimar los viejos temores, o el nuevo temor de que la situación, pese a lo que hubiese parecido, no estaba todavía resuelta.

El ejército de la enésima alianza contra Napoleón, compuesto por británicos, prusianos, alemanes y holandeses (...), se lanzó contra el Emperador, que había recobrado el poder en Francia, y éste sobre ellos en territorio belga. Los aliados tenían sus fuerzas divididas, y el audaz Corso incrustó su Armeé du Nord entre el contingente prusiano de Von Blücher y los británicos (y alemanes…) de Wellington.

El 16 de junio de 1815, dos días antes de Waterloo, los franceses derrotaron a los prusianos en Ligny. En Quatre-Bras, algo más al oeste (y al sur de Waterloo), los de Wellington hicieron frente con éxito a las tropas del mariscal francés Ney, aunque la derrota y retirada prusiana, que dejaba desprotegido su flanco, obligó a los británicos a retirarse igualmente, y dirigirse hacia el suroeste, hacia Waterloo.

Tras las batallas del 16, parte de los franceses, al mando de Grouchy, prosiguió la persecución de los prusianos con objeto de impedirles la reorganización y, es de suponer, con la intención de abortar cualquier intento prusiano de reunirse con los británicos. Napoleón, al mando del grueso de sus fuerzas, se encargó de acosar a los británicos en retirada, dispuesto a dar buena cuenta de ellos antes de ocuparse, a su debido tiempo, de los prusianos de Blücher.

Así las cosas, con Napoleón pisándole los talones y un ejército desmoralizado, Wellington tenía dos soluciones: poner pies en polvorosa hacia el Canal y las rocas blancas de Dover y franquear el paso a los franceses hasta Bruselas (donde Bonaparte contaba con numerosos adeptos prestos a cambiar de nuevo de chaqueta) o bien defender Bruselas. Para lo último, a Wellington no le quedaban demasiadas posibilidades; los británicos avanzaban desde el sureste hacia Waterloo, Waterloo no distaba más que unos 30 kilómetros de Bruselas y, entre ambas ciudades, un frondoso bosque impedía las maniobras. Por otra parte, entre el campo de batalla y la propia ciudad de Waterloo mediaba un espacio muy pequeño, lo que significaba que, en caso de derrota, el ejército de Wellington no tendría posibilidad de reorganizarse y sería literalmente masacrado contra los muros de la ciudad y el bosque que se encontraban a sus espaldas.

Los ejércitos en liza suponían un gran número de efectivos, y el movimiento de esa cantidad de tropas, artillería, caballos, carros de munición, de forraje, de rancho,… exigía un espacio amplio y despejado. Carente de ese necesario espacio, el ejército corría un grave riesgo de convertirse en una masa desorganizada y vulnerable, algo crítico cuando varios cientos de bayonetas apuntan a tu culo.

En definitivas cuentas, Wellington se la jugó, y su decisión ha recibido su ración de críticas a posteriori. Efectivamente podía haber sido más prudente y no haber empeñado en una sola jugada todo su ejército (a mayor gloria personal, de paso) pero lo cierto es que políticamente hubiese sido una gran inconveniencia permitir la llegada de Bonaparte a la capital belga, y no había demasiadas posibilidades de plantarle cara en otro sitio que no fuese Waterloo. La hipotética derrota británica hubiese supuesto una masacre pero, en el caso de que se hubiesen retirado, nadie duda que las guerras de Napoleón se hubiesen reeditado, y el saldo de bajas a largo plazo habría sido probablemente mucho mayor…

3 comentarios:

Tony S. Flashman dijo...

Tu crónica me ha hecho desempolvar mi viejo HPS: Waterloo para PC.

El retorno de Napoleón me parece épico. La jugada arriesgada del perdedor que, contra todo pronóstico, vuelve al poder sin disparar un tiro. Y la idea de incrustarse entre los prusianos y británicos demuestra que Bonaparte seguía con su "Divide y venceras".

Sorprende el valor de Wellington. Entre sus aliados holandeses y belgas pocos eran los que no habían servido con Napoleón en campañas anteriores. E incluso habían varios caballeros de la Legión de Honor, los cuales la lucían con orgullo. Con aliados tan aparentemente poco fiables, Wellington se tiró bien a la piscina.

Por otro lado, me parece que Napoleón la pifió eligiendo su "pool" de generales. Me deja a un soberbio estratega como Davout en el ministerio de Guerra, calentando la silla en París. Y Soult no era precisamente un Berthier gestionando estados mayores. Y si metemos un mando a Grouchy al que no estaba acostumbrado, pues ni un Napoleón en un día inspirado da una buena.

Y sobre la derrota británica en Waterloo... Al final se hubiera reeditado la campaña de 1814: Napoleón, con su minúsculo ejército, peleando contra los diferentes ejercitos de la coalición e intentándolos vencer por separado.

Te seguiré leyendo , que has sacado un tema que me toca la fibra.

Cuidate!

ismo dijo...

Otra oportuna observación. Wellington no podía fiarse ni medio pelo de sus belgas pero, peor aún, tenía serías dudas sobre la capacidad combativa de los holandeses y, para rematar, como bien apuntabas en la anterior entrada, la ayuda prusiana estuvo pendiente de un hilo porque británicos y prusianos desconfiaban profundamente entre sí. Salvo algún desparrame belga, creo recordar, todo lo demás acabó funcionándole bastante bien.

En cuanto a la oficialidad francesa, creo que estás mucho más puesto que yo. De los que estuvieron allí, siempre me ha impresionado el trabajito de Durutte.

A vueltas con los prusianos, insisto en que llama mucho la atención que Napoleón lo pasase por alto. No era un tipo descuidado en ese sentido: era genial, pero sustentaba su genialidad militar en una concienzuda preparación ¿Por qué no quiso tener claro que, si Grouchy estaba a las 11 donde decía que estaba, era materialmente imposible cubrir esos kilómetros antes del fin de la jornada? ¿Por qué no empleó un regimiento para proteger los puentes del este y cortar el avance prusiano?

Creo que le falto viveza, la que le caracterizaba... y se comportó como un matón, como dijo Wellington.

Olga dijo...

Gracias por tu paso por mi blog, un placer. Estuve buscando la canción del gran Antonio Vega que me recomendaste dedicada a Van Gogh, preciosa por cierto, muchas gracias, no sabía ni que existía ese tema. Respecto a este post, creo que hoy en día, la batalla de Waterloo se considera una de las batallas más grandes de la historia europea, la última confrontación entre Europa y Francia, marcando la caída de Napoleón y dando paso a una nueva era de paz en Europa. Buen blog, felicidades. Saludos!!