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Los oglalas eran sioux de las llanuras, o sioux tetons, por contraposición a los sioux santee, o sioux de los bosques de Minnesotta. Los tetons se dividían, a su vez, en numerosos clanes: oglala (la facción más poderosa), hunkpapa, brulé, minneconjou,… Cheyennes y arapahoes mantenían fuertes vínculos con los sioux (también llamados dakotas, o lacotas); los cheyennes habían compartido originariamente territorio con los santee, pero se habían desplazado paulatinamente hacia el sur, hacia las grandes llanuras, hasta compartir territorios de caza con los tetons. Los tetons, cheyennes y arapahoes montaban caballos; los santee no.
A partir de 1865, con el fin de la guerra civil norteamericana, la presión de la inmigración blanca sobre las naciones indias aumentó considerablemente. Los territorios indios quedaron expuestos a los intereses de los ganaderos, de los granjeros, de los mineros, de la industria maderera, del ferrocarril,… Los sioux habían quedado confinados en un pequeño territorio al norte de Wyoming y sur de Montana, alrededor de las Colinas Negras (Black Hills) e, incluso allí, la codicia de la civilización abría nuevas rutas, nuevos asentamientos, nuevas factorías madereras, etc. La historia es bien conocida, y la presión sobre los indios se manifestaba en muchos sentidos, todos comprometidos en la exterminación de su forma de vida: se atacaban sus poblados, se exterminaban las manadas de bisontes para privarles de sustento, se traicionaban los tratados, se propagaba la enfermedad,…, se les arrinconaba y se les exterminaba.
En 1866, los sioux, cheyennes y arapahoes se pintaron con colores de guerra e iniciaron contra los blancos la guerra que lleva el nombre de uno de sus caudillos más ilustres, un oglala, igual que Caballo Loco: Nube Roja, Makhpiya Luta en la musical lengua dakota.

Nube Roja
Los guerreros de Nube Roja hostigaron los asentamientos y caravanas de los blancos a lo largo de la ruta Bozeman, y, para el 21 de diciembre, planearon un ataque contra el fuerte Phil Kerney. Alrededor de 800 sioux, cheyennes y arapahoes se apostaron a unos kilómetros del fuerte, en la quebrada del Peno. A eso del mediodía, 10 guerreros (2 cheyennes, 2 arapahoes, 2 brulés, 2 minneconjous y 2 oglalas, uno de los cuales era Caballo Loco) aparecieron ante las puertas del fuerte; mientras increpaban a los soldados, Caballo Loco emprendió una serie de galopadas suicidas ante la empalizada, bajo el plomo de los rifles de los soldados…

El coronel Carrington lanzó un cañonazo a los indios y, cuando estos volvieron grupas hacia las colinas, envió al capitán Fetterman en su persecución, con órdenes precisas de no ir más allá de Lodge Trail Ridge… Naturalmente, al llegar a Lodge Trail Ridge, Fetterman sintió la tentación de continuar la persecución; al fin y al cabo, sólo eran 10 miserables pieles rojas, y seguían tan cerca que casi podían tumbarlos de un buen disparo… y ya conocemos a la caballería, o que se lo pregunten a Lord Uxbridge, así que Fetterman sucumbió a la tentación y siguió adelante con sus 80 hombres, hasta darse de narices con los 800 indios que le habían preparado un caluroso recibimiento en Peno Creek. Reconstruyamos la imagen: galopas sobre una pequeña meseta, en un terreno irregular, de hondonadas someras y colinas suaves… los indios están a tiro, aunque demasiado lejos como para precisar el disparo, pierden terreno ligeramente; de repente, desaparecen en un declive, y espoleas tu caballo con el ansia del cazador que no quiere perder de vista su presa ni un solo instante, ahora que casi la tiene. Pero llegas al borde de la meseta tu mismo, y no ves a 10 indios corriendo despavoridos sino a 800 tipos con la cara pintada, subidos en 800 ponies pintados y con 800 lanzas dispuestas, y esos 800 tipos te han envuelto antes de que puedas siquiera refrenar el impulso de tu caballo, y sabes que estás jodido, bien jodido, aunque todavía no has empezado a asimilarlo y no tienes la suerte de tener cerca a algún psicólogo de Asistencia Social.

Masacre de Fetterman, Harold Von Schmidt
De los de Fetterman no se salvó ni uno, y sólo se encontraron 50 cadáveres. Mal asunto; la matanza produjo consternación en todo el país; los cadáveres habían sido salvajemente mutilados… exactamente igual que lo habían sido las mujeres, niños y ancianos de Sand Creek a los que había machacado el coronel Chivington (La matanza de Sand Creek es uno de los episodios más infames de las guerras indias; los yanquis habían negociado una tregua con el jefe Black Kettle y los indios habían marchado a la caza dejando en el campamento de Sand Creek a sus mujeres, niños y algunos guerreros demasiado jóvenes o demasiado viejos como para participar en la cacería. El coronel Chivington atacó el campamento, en el que incluso ondeaba una bandera yanqui enarbolada por el jefe indio en señal de buena voluntad y respeto por el tratado, y masacró a un número indeterminado de indios sioux y cheyennes, entre 600 y 800).
Caballo Loco se ganó una sólida reputación de guerrero en la guerra de Nube Roja, y se convirtió en un jefe admirado y respetado. Si había sido un excepcional jinete en un pueblo de jinetes excepcionales y un guerrero fuerte y valeroso, en la guerra de Nube Roja se mostró como un jefe capaz, no sólo valiente, astuto.
No conservamos ninguna fotografía de Caballo Loco, que desconfiaba de las cámaras y no permitía que se le hiciesen fotografías, pero conocemos algunos rasgos de su carácter, como que era solitario, de costumbres austeras, generoso de corazón y de esfuerzos. Si los indios en general eran bastante visionarios, Caballo Loco lo era especialmente o, mejor dicho, sus visiones acababan resultando premonitorias. Era un iluminado, entraba en trance y se comunicaba con el Gran Espíritu… Su propio aspecto obedecía a ciertas reglas que le eran reveladas en sus trances: ni él ni su caballo usaban pinturas de guerra, tampoco usaba tocados de jefe, y se adornaba la testa con una sola pluma y una piedra tras la oreja. Su conducta obedecía a un código moral propio: no permitía las fotografías, no arrancaba caballeras, protegía a los débiles,… Todos aquellos pequeños detalles eran su magia, su invencibilidad; si ajustaba su conducta a la revelación, ninguna bala le haría daño. En la guerra, Caballo Loco estaba guiado por la magia del Gran Espíritu, de la que provenía su astucia, su arrojo, su convicción.
Con el paso de los años y la interminable guerra sucia perpetrada por los blancos, muchos jefes indios fueron perdiendo los ánimos. Nube Roja, envejecido y frustrado por la inutilidad de sus victorias, adoptó una postura más resignada y se fue mostrando cada vez menos belicoso, aunque la historia de la resistencia dakota todavía tenía páginas por escribir, y la nueva generación contaba con jefes como Caballo Loco, Toro Sentado, Agalla, etc., que todavía seguían empecinados en proteger su modo de vida.
Tras la guerra de Nube Roja se firmó un nuevo tratado, en 1868, y los sioux quedaron recluídos prácticamente en las Black Hills. Para los indios, las Colinas Negras (Paha Sapa) no eran sólo su último territorio de caza, sino el centro del mundo, el hogar de los espirítus.
Hacía 1874 se difundió el rumor de que había oro en las Black Hills, y el clamor popular llevó al gobierno a organizar una expedición exploradora: el séptimo de caballería del coronel George Armstrong Custer fue enviado desde el fuerte Abraham Lincoln a las Colinas sagradas.
En un clima de tensión creciente, en marzo de 1876, el coronel Reynolds, vanguardia del ejército de Tres Estrellas Crook, atacó un pacífico campamento y espantó sus caballos (aunque algunos guerreros cheyennes aprovecharon la noche para birlar los caballos de Reynolds, que había pernoctado por allí después de la batalla). El ataque se describió en la crónica militar como un ataque al campamento de Caballo Loco pero, en realidad, éste se había establecido algo más al norte, y dio refugio, vestido y alimento a los cheyennes que habían escapado del ataque de Crook. Las noticias corrieron por las Black Hills, y comenzó a reunirse una gran alianza de sioux, cheyennes y arapahoes con sus jefes más ilustres a la cabeza: Toro Sentado, Agalla,…

Toro Sentado
Desde la batalla de Fetterman, Caballo Loco había estudiado las tácticas de los blancos, y estaba deseoso de hacerles frente. Y luego estaban sus visiones:
“Caballo Loco había sabido desde muy joven que el mundo de los hombres era irreal. Para atisbar en el verdadero había que soñar y, cuando lo lograba, todo parecía danzar y flotar a su alrededor. En este mundo real, su caballo se movía siempre inquieto en increíbles vueltas; de ahí que a él se le conociera por el nombre de Caballo Loco. El jefe indio había aprendido que, si lograba entrar en un trance de ensoñación antes de la batalla, ésta le sería propicia”. [Hay que decir que existe también la teoría de que el nombre fuese heredado por Caballo Loco de su padre, costumbre habitual entre los dakotas]
Enterrad mi corazón en Wounded Knee, Dee Brown
El 17 de junio de 1876 tuvo una de esas visiones y ordenó a sus guerreros que dejasen de combatir en la forma habitual. Crook había descubierto una gran concentración de indios y, cuando cargó contra ellos, los guerreros de Caballo Loco, en lugar de lanzarse de frente como solían hacer, se abrieron a los flancos de Crook y golpearon sus puntos débiles. Los indios se mantenían en constante movimiento, en un mortífero tira y afloja contra los desconcertados militares, a los que infligieron una sonada derrota. Los blancos la llamaron la batalla del Rosebud, los indios la de la muchacha que salvó a su hermano (Jefe a
La batalla de
Nota.- Existen dos o tres fotografías que, se dice, podrían ser de Caballo Loco, aunque no está certificada la autenticidad de ninguna (con Cochise sucede algo parecido). No he querido exponer ninguna en este blog porque me parecía una falta de respeto al señor Loco; si a él no le gustaba que le hiciesen fotos, no seré yo quien se dedique a exponerlas aquí, y menos si son producto de la fantasía de un cazador de recompensas.

































